cantando vamos todos pa Tegueste
porque en un lindo pueblo como éste
dan ganas de cantar de noche y día
zurrón de gofio vino y garbanzas
la fiesta se convierte en tradición
barcos que navegan por las calles
cargados con fuego de ilusión….
cantando vamos todos pa Tegueste
porque en un lindo pueblo como éste
dan ganas de cantar de noche y día
zurrón de gofio vino y garbanzas
la fiesta se convierte en tradición
barcos que navegan por las calles
cargados con fuego de ilusión….
Durante mis estudios de Económicas en la Facultad de Somosaguas y en la Feria del Libro de aquel año Junio 1975 tuve la ocasión de conocer a Ramón Tamames cambié impresiones con él acerca de sus libros y la situación en aquellos momentos. Cariñosamente me dedico uno de los libros y me deseo suerte para terminar la carrera que felizmente así fue.
En estos momentos de actualidad en que Ramón Tamames liderará la moción de censura en el Congreso de diputados los próximos días 21 y 22 de marzo aprovecho la ocasión para compartir el artículo “De Tamames” publicado en el saltodisrio.com por mi amigo PEDRO COSTA MORATA ya que después de leerlo coincido y reconozco su honestidad, integridad y solidez de todo lo que cuenta acerca del personaje.
Pedro Costa Morata
12 MAR 2023 07:46
De Tamames
Podríamos zanjar la reaparición de Ramón Tamames del brazo de la ultraderecha fascistoide española con aquello de que “el fugitivo de su clase acaba por volver a ella”. Pero no; a Tamames hay que tratarlo con el cuidado que merece su persona, con la atención política debida y con el análisis ideológico del caso.
Leopoldo Calvo Sotelo saluda al por entonces diputado Ramón Tamames en el Congreso de los Diputados. 12 de mayo de 1981.
podríamos zanjar la reaparición de Ramón Tamames del brazo de la ultraderecha fascistoide española con aquello de que “el fugitivo de su clase acaba por volver a ella”, o esta, más pedestre, de que “la edad lima el izquierdismo hasta convertirlo en conservadurismo creciente”. Pero, no: a Tamames hay que tratarlo con el cuidado que merece su persona, con la atención política debida y con el análisis ideológico del caso, que es seguramente lo más interesante. Y
dejar de lado el caso que ha acabado recordándonos, de esos jóvenes burgueses, cultos e idealistas que, asqueados de la dictadura cutre y su estética atroz, abrazaron el comunismo como respuesta redentora de sí mismos.
A Tamames hay que tratarlo con el cuidado que merece su persona, con la atención política debida y con el análisis ideológico del caso, que es seguramente lo más interesante
En Tamames tenemos a un tipo de cualidades singulares, no solo científico- económicas, sino también políticas y, en mi opinión, también humanas. Lo de menos, en este trance que ha decidido vivir protagonizando la moción de censura que el partido ultra Vox presenta, son sus debilidades, como todo el mundo. Y como había quedado arrumbado por la historia, cualquier información que alumbre e ilustre al personaje creo que resulta oportuna, sobre todo si queremos que las generaciones jóvenes tengan idea de quienes han sido parte activa de la historia reciente de España.
Antes de conocerlo personalmente, yo disponía de su extraordinaria Estructura Económica de España, aparecida en 1960 (y que va por su 26a edición, la de 2022) y que, como estudiante de Políticas, había devorado. Nos encontramos cuando ambos andábamos presentando nuestros libros por Aragón en el verano de 1976: él, creo recordar que Historia de Elío, contando su experiencia reciente en la cárcel franquista, y yo Nuclearizar España, resumiendo las primeras luchas antinucleares en el país. Hemos tenido siempre buena química, así que colaboré con él en algunos de los numerosos proyectos de consultoría que le encargaban. Como los Anuarios, de Planeta o, mucho más importante, el magno estudio sobre Contaminación en las ciudades que su departamento en Económicas, conjuntamente con el del inolvidable Fernando González Bernáldez, en Ecología, ambos de la Universidad Autónoma de Madrid, desarrollamos en 1979-1981. Ramón nos vinculó a Mario Gaviria y a mí, como ecologistas ya curtidos, en esa tarea. En esos años, por cierto, Gaviria y yo escuchamos desde las tribunas del Congreso de los Diputados la (probablemente) única vez que nuestros nombres sonaron en tan majestuoso espacio, cuando el diputado Tamames criticaba el Plan Energético de UCD y pedía a los expertos del Ministerio de Industria que “consultaran a Mario Gaviria y Pedro Costa”...
Nos encontramos cuando ambos andábamos presentando nuestros libros por Aragón en el verano de 1976: él, creo recordar que Historia de Elío, contando su experiencia reciente en la cárcel franquista, y yo Nuclearizar España, resumiendo las primeras luchas antinucleares en el país
De aquel estudio -al que aporté, por cierto, mi primer análisis sobre las radiaciones no ionizantes (es decir, electromagnéticas), como descanso del empacho que había acumulado con las ionizantes (o sea, las nucleares)- recuerdo la buena amistad que hice con estupendos profesores del departamento de Ramón, como Donato F. Navarrete, Rafael Esteve, Félix Lobo, Santos Ruesga... Y también recuerdo que, ya en confianza, cuando preguntaba a alguno de estos profesores si era verdad que el propio Tamames escribía los (numerosos) libros que cada año aparecían con su nombre, así me lo confirmaban, haciéndome saber que Ramón era un gran madrugador y que a las 5 de la mañana ya estaba trabajando en casa.
También era un experto montañero, de sensibilidad ecologista demostrada. Fue estupenda la acampada que organizó, con un centenar de seguidores, en las Paredes Negras de Gredos, hacia 1980, como protesta por los planes de urbanización de la montaña que se atrevían con ese mágico mundo. Él me invitaba a actos y proyectos y yo le correspondía, aunque en mucha menor medida, claro, hasta poder hacerlo en varias ocasiones cuando dirigía las actividades culturales de mi Escuela de Telecomunicación. Recuerdo una sesión en la Fundación Díaz Caneja, de Palencia, sobre medio ambiente, que me dio ocasión ya de ver cómo Ramón se dejaba querer por la élite castellano- leonesa del PP. Sensación corroborada cuando, preparando un trabajo sobre los regantes de los Llanos de Carchuna, en la costa granadina, comprobé su implicación en el mundo económico del PP. O cuando, más recientemente, me invitó al Instituto de España (entidad de eminentes carcamales procedentes de las diez Reales Academias del país), a debatir sobre energía nuclear en presencia de la reina Sofía (que me demostró gran interés e incluso conocimiento sobre ese tema).
Recuerdo una sesión en la Fundación Díaz Caneja, de Palencia, sobre medio ambiente, que me dio ocasión ya de ver cómo Ramón se dejaba querer por la élite castellano- leonesa del PP
Pero al conocer su revival, tan vistoso, pretencioso y como de asunto pendiente, he recordado que, en aquellos años de la transición, en la que creíamos que cabían todas las posibilidades en la sucesión política de la dictadura, y hablándose mucho de la república, corrían “tres candidatos”, en los cenáculos alterados del periodismo politizado: una era la de Tierno Galván, con su toque azañista y su inmenso ego sublunar; otra, la de García Trevijano, famoso constitucionalista aunque ideológicamente inclasificable; y la de Tamames, brillante estrella del PCE, al que le adornaban méritos antifranquistas como para merecer la banda de presidente presidencialista, con su culturón universalista y su tirón antifranquista.
De resultas de las primeras elecciones municipales de 1979, desde el Ayuntamiento de Madrid, que ganaron socialistas y comunistas, se convirtió en activísimo número 2, con Tierno Galván de (vistoso, literario y algo decimonónico) alcalde, emprendiéndola, con su capacidad e inteligencia, contra la caspa acumulada en la capital durante 40 años.
Pero —como se preveía— el gran Ramón pronto acabó dándose de cabeza con el muro carrillista, con grave pérdida de su pundonor, e iniciando un periplo degradante que todos sus conocidos considerábamos impropio, inoportuno y algo más que un punto indecente, por lo que lo mismo ha venido guardando en su corazón una especie de revancha hacia aquellos años singulares y aquellas turbulencias que dieron en su ninguneo (cosa que consideraría que ni él ni España merecían), dándonos el espectáculo, tras un reintento de coalición con la nueva Izquierda Unida, de acudir a las filas, y los brazos, del vituperado Suárez, antesala del inevitable -ya puestos- deslizamiento hacia los inconfesables dominios del PP.
Pero -como se preveía- el gran Ramón pronto acabó dándose de cabeza con el muro carrillista, con grave pérdida de su pundonor, e iniciando un periplo degradante que todos sus conocidos considerábamos impropio, inoportuno y algo más que un punto indecente
He aquí, pues, a una estrella que no llegó a brillar como ella misma esperaba o pretendía, dejando siempre pendiente su regreso como -según dicen los hechos- una obsesión irreprimible, que se salta principios políticos a los que cualquier intelectual curtido en la historia de España no debe renunciar, y mucho menos si es por soberbia. Pero este es un soberbio con cualidades, y eso hay que tenerlo en cuenta y puede respaldar cierta legitimidad en un exhibicionismo político que en la historia reciente de España no tiene precedentes (y que, por eso mismo, puede que mueva a nuestro catedrático a la búsqueda de los años perdidos). El Gobierno de Pedro Sánchez hará bien en prestar la atención debida a la presencia, las palabras y el conocimiento amplio, no sólo económico, que de España tiene Ramón Tamames, y hacer caso omiso de las (indeseables) compañías que ha acabado frecuentando y que pretenden utilizarlo.
Para quedar en la historia con la impronta final que Tamames debiera desear, su regreso a la tribuna del Congreso habrá de ser notable, puede que excepcional, sin que haya de asimilarse en todo a las posiciones de Vox. Él sabe muy bien el alto riesgo que corre de que su lugar definitivo en la historia resulte más innecesario que ejemplar.
"Las personas, como los libros y las películas, como todas las obras de arte pertenecen a los que las aman".
¿Se puede amar para siempre a una persona, y aunque esta nunca lo sepa? ¿Puede sobrevivir el amor sin ser alimentado? ¿Es humano, es poético y bello y, sobre todo, es racional que así sea? ¿Merece la pena darlo todo por alguien que no te corresponde?
Esos párrafos de "Carta de una desconocida" son elocuentes: "Solo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero solo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue siempre la tuya desde la primera hasta la última hora".
Esto era en 1922.
Y 20 años después Zweig escribe otra carta, su despedida: "Antes de que yo, por libre voluntad y en plena posesión de mis sentidos, abandone la vida, me siento obligado a cumplir un último deber: agradecer desde lo más íntimo a este maravilloso país, Brasil, que nos haya ofrecido a mí y a mi obra un lugar tan magnífico y acogedor. Cada día pasado aquí ha contribuido a querer más a este país, en ningún otro lugar hubiera deseado reconstruir mi vida de nuevo, después de que el mundo de mi propio idioma se derrumbó y mi hogar espiritual, Europa, se autodestruyó. Pero tras cumplir los sesenta hacen falta muchas fuerzas para comenzar totalmente de nuevo. Y las mías están agotadas por tantos años de errar sin patria. Por eso considero mejor cerrar a su debido tiempo y con actitud erguida una vida en la que el trabajo intelectual y la libertad personal me han dado las mayores alegrías y me parecen el más alto bien de esta tierra. ¡Saludo a todos mis amigos! ¡Ojalá lleguen a ver la aurora tras esta larga noche! Yo, excesivamente impaciente, me adelanto a todos ellos".
Una "nouvelle" de apenas 70 páginas y una película de Ophüls que no llega a la hora y media. La puesta en escena circular y barroca, repleta de ventanas y espejos, de escaleras caracol y una ciudad convertida en laberinto, Viena, teñida de niebla y sombras hacia el final, cuando Lisa deambula como espectro por la plaza esperando la muerte a la que la condenó el olvido. Nacido en una rica familia vienesa el año 1881, Zweig escribió en sus memorias "El mundo de ayer" (1943): "Ahora que la gran tormenta lo destrozó hace mucho tiempo, finalmente sabemos que ese mundo de seguridad no era más que un castillo de sueños". Es la desaparición del viejo mundo y sus valores culturales, y con la guerra que los destruyó. Se podría pensar que recordar los viejos tiempos del imperio austrohúngaro convierte a Zweig en un decadente pero él sitúa la decadencia en perspectiva, sin deleitarse con su atractivo ni castigar sus aspectos más sórdidos. Su fin estético es describir el alma humana que había aprendido de Freud, y hacerlo de una manera encantadora y con un lenguaje sencillo. Se suicidó junto a su esposa en 1942 debido a las noticias de los avances de Japón en el Lejano Oriente. Quizá este acto final formara parte de su dolor desconsolado por un mundo desaparecido. Sabía que los nazis no iban a ganar en la práctica la guerra, aunque de alguna forma ya lo hubieran hecho".
Todo esto es lo que conté al comenzar la tertulia virtual de ayer por la tarde. Y di la palabra a María Rodríguez Velasco, que fue quien sugirió el tema de la tertulia, y así comenzó de verdad una tertulia maravillosa donde los tertulianos contaron sus lecturas de Zweig. Me refiero, por este orden, a Mariwan Shall, Eduardo Larrocha, Antonio Tello, Elena Gayan, Chema Menéndez, María José Muñoz Spínola, Francisca Arias, Presina Pereiro, Victoria Suéver, Almudena Mestre y los otros amigos.
Al final Javier Del Prado puso la guinda perfecta al contarnos que su mujer le había estado leyendo la noche anterior "Carta de una desconocida" durante tres cuartos de hora.
Y María nos dio las gracias. Resulta increíble, dijo, que 33 personas se reúnan un 6 de febrero de 2023 para hablar de un libro de 1922 y una película de 1948. Es lo que tiene la magia de las personas que aman la literatura.
Esta es la película completa con subtítulos:
https://www.youtube.com/watch?v=Z6Ni4lX_rAw
Mi afinidad hacia el ajedrez como juego buscador de pensamientos me interesó la novela de Stefan Zweig "Novela de ajedrez" que leí de seguido por su exquisita e ingeniosa narración sobre 2 personajes antagónicos, uno un genio del ajedrez desde niño que acaba siendo campeón del mundo, el otro un empleado de una asesoría jurídica que huye de los nazis.Se encuentran en un trasanlántico y les convencen a jugar una partida. Una historia en la que se cuenta la capacidad de resistencia y recursos del ser humano cuando el contrincante del campeón se enfrenta a la soledad provocada por el tortuoso aislamiento en prisión y se encuentra en una curiosa situación en la que libera su soledad al robar un libro de ajedrez.
Gracias a los contertulios que me escucharon a todos los que participaron y a Justo Sotelo por su brillante y didáctica exposición.Como siempre una tertulia en la que se disfruta al escuchar hablar a los que saben.