Mi madre la Tara y el olivo
Que agradable y que sencilla es la vida cuando cerca de tí tienes a Tara , el olivo, enfrente la casita de madera y al lado a tu madre que me contaba las historias de su vida.
Hace ya unos cuantos años cuando un día me levanté con ganas de hacer algo distinto, me dió por acercarme a un taller de cerámica que había cerca de casa. Se me ocurrió experimentar con el barro junto a otros artesanos que me transmitieron los secretos de la cerámica canaria, después de varios meses de haber hecho varias vasijas de aborígenes me decidí modelar a Tara mi diosa canaria que la traje a casa para después de sacarla del horno la puse al lado del olivo que acababa de plantar.
Pasaron y pasan los años el olivo sigue creciendo ahora Tara nos contempla yo recuerdo a los dos junto con mi madre al lado a la que animé para que contara las historias de su vida porque con la memoria de antaño era capaz de hablar mucho y deprisa de modo que tuve que estar atento para que no se me escapara detalle alguno.
La conversación fue larga duró cerca de una hora presté mucha atención pues algunos de los aspectos no se los había oído nunca y es raro porque mira que los repetía varias veces casi todos los días pero al final pensaba que el día que no me los pudiera contar la echaría de menos. Así que yo la animaba a que continuara. La conversación no tenía desperdicio, sus padres asturianos emigrantes de vuelta de Buenos Aires a las tierras asturianas. Ya de niña, huérfana con otras dos hermanas durante aquellos tiempos de economía de subsistencia, su padre las crió con cariño, aprendió con la maestra, creció, disfrutó de su juventud con 20 años se casó con mi padre y a Madrid llegaron a buscarse la vida donde a los dos años aparecí yo.
En fin y aunque durante la narración hubo momentos alegres, tristes y alguno trágico que vivimos ella y yo de todo lo que me contó hubo una historia que me llamó la atención y que podía empezar como comienza aquel poema que hice para recordar ese momento : "Salí a la vida y lloré, sentí una caricia y me consolé era mi madre del alma la que la vida me dio …
Según ella cuando me parió lo hizo en la casa de alquiler enfrente de la Estación de Atocha con la patrona, la comadrona, palangana, agua caliente y algunos de los vecinos alentando el empujar porque yo me resistía, hasta que ya por fin salí y me cuenta que la Juliana, una amable vecina madrileña de armas tomar, me cogió en brazos y envuelto en una toalla me sacó al corredor de la vecindad gritando “mirar que crío más hermoso ha tenido la Carmen”.
Era el año1946 cuando ya empezaba yo a participar en las Redes Sociales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario